sábado, 7 de junio de 2008



Palabras de Jesús a Santa Faustina
sobre el Sacramento de la Reconciliación

“Cuando te acerques a la Santa Confesión, a esta Fuente de Mi Misericordia, siempre fluye sobre tu alma la Sangre y el Agua que brotó de Mi Corazón y ennoblece tu alma. Cada vez que vas a confesarte, sumérgete toda en Mi Misericordia con gran confianza para que pueda derramar sobre tu alma la generosidad de Mi Gracia. Cuando vas a confesarte debes saber que Yo Mismo te espero en el confesionario, sólo estoy oculto en el sacerdote, pero Yo mismo actúo en el alma


Aquí la miseria del alma se encuentra con el Dios de la Misericordia. Dí a las almas que de esta Fuente de la Misericordia, las almas recogen gracias exclusivamente con el recipiente de confianza. Si su confianza es grande, mi generosidad no conocerá límites. Los torrentes de Mi gracia inundan a las almas humildes. Los soberbios permanecen siempre en pobreza y miseria porque Mi gracia se aleja de ellos dirigiéndose hacia las almas humildes.”

“Dí a las almas que es en el Tribunal de la Misericordia donde han de buscar consuelo. Allí tienen lugar los milagros más grandes y se repiten constantemente. Para obtener este milagro no es necesario hacer una peregrinación larga ni realizar algún rito externo, sino que basta acercarse con fe a los pies de Mi representante y confesarle con fe su miseria, entonces, el milagro de la Misericordia se manifestará en toda su plenitud. Aunque un alma fuera como un cadáver descomponiéndose, de tal manera que desde el punto de vista humano no existiera esperanza alguna de restauración y todo estuviese ya perdido, no es así para Dios. El Milagro de la Divina Misericordia restaura a esa alma en toda su plenitud. ¡Oh cuán infelices son los que no se aprovechan de este milagro de la Divina Misericordia!”