domingo, 6 de abril de 2008

TESTIMONIO DE VIRGINIO FERNANDEZ


El de Virginio Adolfo Fernández fue el primero caso comprobado de un milagro obrado por intercesión de María, Rosa Mística en la Parroquia Nuestra Señora de la Victoria en la ciudad de La Plata.
Virginio quiso brindar su testimonio de fe a la prensa y para ello recordó los difíciles momentos por los que atravesó hasta que se produjo su cura. Esta no tiene explicación científica y sólo alcanza a comprenderse por medio de la fe.
"Hacia mediados de 1983 me sentía mal, muy mal, sin ganas de nada. Soy sindicalista, secretario de Deportes y Recreación de UPCN y además estoy empleado en el Ministerio de Educación, en lo que es hoy la Dirección General de Escuelas. Como lo hacía habitualmente, vino a verme un ingeniero metalúrgico que es un gran amigo, como un hermano, Miguel Piovani y notó que yo andaba mal. Me preguntó qué me pasaba y le pedí que me hiciera revisar por los médicos de la Clínica de la UOM."
-¿Qué estudios le hicieron en esa clínica?
-Me hicieron varios análisis de sangre y de orina y luego me derivaron para que me efectuaran otros estudios a un Instituto donde me atendió un especialista en garganta y me hizo hacer una biopsia.
Este mismo médico me pidió que volviera con algún familiar o amigo, que quería hablarles. A todo esto, sin yo saberlo el facultativo se puso en contacto con Piovani y le señaló que yo tenía cáncer en la garganta y que a su entender era necesario operarme. Lo cierto es que cuando fui nuevamente a verlo, ahora con Piovani, el doctor fue muy crudo y claro conmigo:"Vea, los dos somos hombres grandes y hay que hablar con la verdad. Usted tiene una pierna acá y la otra en el cementerio de la Chacarita".
-¿Cuál fue su reacción ante el diagnóstico del médico y su opinión sobre la necesidad de intervenirlo?
-A esa altura ya prácticamente no podía hablar, estaba físicamente a la miseria. Le pedí que antes de operarme intentara alguna otra cosa y me hizo hacer 48 aplicaciones de cobalto en la clínica que está por las calles 12 y 47. Acá tengo el certificado donde consta lo que tenía y lo que me hicieron.
-Luego del cobalto, ¿notó cierta mejoría?
-Yo seguía igual y el médico me dijo que me tenía que operar sí o sí. Entonces me desesperé. Mis amigos del sindicato y de Educación me decían que no fuera más a ver a ese médico. Ellos sabían que ya no tenía salvación: doctores amigos les habían expresado que con los rayos no iban a solucionarme nada y que con la intervención quirúrgica las expectativas no eran buenas. En concreto me quedaban unos pocos meses de vida.
-¿Qué pasó después?
-Ya no podía hablar, me hacía entender por señas. No podía caminar. Un día me levanté para ir a ver a mi hermana y de paso rezar en la Iglesia San Ponciano. Cuando llegué a la Iglesia estaban todos cantando y como yo no podía por el estado de mi garganta me puse a llorar. Cambié de ubicación y me senté en el último banco. Estaba sentado llorando, con los codos apoyados sobre las rodillas y las manos cubriéndome el rostro, orando y pidiéndole a Dios que me ayudara. De golpe levanto la cabeza y veo sentado a mi lado a un sacerdote de sotana blanca, de pelo más bien largo y muy rubio. Parecía de otro mundo, era hermoso… Me tomó del brazo y mientras me levantaba me preguntó: "¿Vos te querés curar?" Moviendo la cabeza le respondía que sí y le agarré de la mano. Me llamó muchísimo la atención el brillo intenso de su mirada. Tomado de su brazo fui hasta la salida de la Iglesia y ahí me dijo: "Andá a la Parroquia de 54 y 23, allí hay una Virgen que se llama Rosa Mística, que te está esperando y te va a curar".
-¿Recuerda con precisión cuándo sucedió esto?
-Era alrededor del 20 de diciembre de 1983. Sé que fue un Domingo, aproximadamente a las 10 de la mañana. Bueno, me tomé un taxi y fui hasta allá. Me coloqué debajo de la Imagen de San José y observé cómo el padre D´Auro daba la misa. Al concluir el oficio religioso y tras persignarse, el padre me miró y me llamó con un ademán de su mano…
-¿Sin conocerlo?
-Lo asombroso es que a él nunca lo había visto porque no conocía esa Iglesia, era la primera vez en mi vida que iba. Me quedé aguardando mientras le daba la bendición a otras personas y cuando finalizó me hizo pasar a su casa y luego a su oficina. "¿Quién te mandó?" me preguntó y antes de que yo pudiese atinar a responder con algún gesto me dijo:"Ya sé quien te envía. Entonces por Dios y María, Rosa Mística te vas a curar". Agarró una estatuita de la Virgen y me bendijo pasándola a ambos lados de mi garganta en tanto rezaba. Me regaló una medallita con la Imagen de la Virgen y un rosario que los llevo siempre conmigo. Estuve como una hora con el Padre D´Auro. Salí como a las dos de la tarde para mi casa.
-Al salir de la Iglesia, ¿ya se sentía mejor?
-No, si al llegar a mi domicilio me descompuse. Tenía mareos, arcadas y me vino un acceso de tos, temblaba todo. Sentía ganas de despedir algo y no lo lograba. Mi mujer, pobre, para ayudarme porque me estaba ahogando empezó a golpearme la espalda con la palma de la mano mientras yo tosía. En ese momento logro expulsar una cosa marrón, del tamaño de un huevo, redondito, perfecto, como si lo hubieran cortado, con unos puntitos rojos.
-¿Ahora sí se sentía más aliviado?
-No, me fui a acostar porque estaba extenuado y seguía mareado. Pero cuando me levanté me sentí algo mejor. Le dije a mi mujer: "Vamos a tomar unos mates". Y yo mismo me asombré al notar que había podido hablar. Cuando mis amigos del sindicato y de Educación se enteraron, querían que fuera a ver al médico, pero yo me negaba a ir. Hasta que a los tres días fui. Cuando entré a la clínica de UOM y hablé para decir que quería que me revisara el médico me dijo: "Vos te curaste". Y cuando me examinaron no lo podían creer. Tito el gerente de la clínica, me abrazaba y lloraba conmigo. M e preguntaban cómo me había curado, si me habían hecho un tratamiento en Norteamérica.
-Es decir que usted en su casa, había despedido el tumor maligno…
-Tengo el certificado de que estoy completamente curado del cáncer de garganta y el Padre D´Auro me dijo que lo envió a Roma, al Vaticano. Yo soy el primero en La Plata que se curó por medio de Rosa Mística, pero no soy el único: hay otras personas que se han sanado y no sé por qué no dan su testimonio.
Fernández pregona a cuanta gente quiera escucharlo "su testimonio". Quiere que todo aquel que necesite ayuda por estar enfermo vaya al Santuario de Rosa Mística y le ore a la Virgen. Está tan agradecido…